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Por Jacinto Tello, responsable del Departamento de Medio Ambiente de Cooperativas Agro-alimentarias Castilla-La Mancha

Cuesta encontrar una época en la que se haya hablado más sobre medio ambiente que en la actualidad. Hace algunos años conceptos como cambio climático, reciclaje, economía circular, etc., no estaban tan a la orden del día como lo están hoy.

Desde el cambio climático hasta las restricciones de algunas grandes ciudades en materia de circulación de vehículos, pasando por la persistencia de plásticos en los océanos, todos los días hay noticias que nos recuerdan que los recursos del planeta no son ilimitados. Las generaciones más jóvenes, con su campaña “Fridays for Future” han tomado la iniciativa para exigir a los dirigentes mundiales que se tomen en serio la conservación del planeta.

Este movimiento a nivel mundial ha reactivado cuestiones recurrentes que parece que van tomando fuerza progresivamente. Cada vez son más los países que desarrollan normativas más acordes con la sostenibilidad del planeta. Sin embargo, países tan importantes como Estados Unidos o China no parecen estar dispuestos a limitar las emisiones ni a emprender actuaciones que frenen las emisiones de gases de efecto invernadero de sus industrias, navegando entre el negacionismo del cambio climático y aduciendo el derecho al desarrollo industrial sin tantas limitaciones normativas, en las mismas condiciones que los países desarrollados cuando incrementaron su actividad industrial.

A nivel nacional, la creación del Ministerio para la Transición Ecológica ha dado un protagonismo extra a las iniciativas medioambientales, que siempre suscitan polémicas, ya que suele haber intereses encontrados y habitualmente lo que para unos colectivos resultan ser requisitos demasiados restrictivos, para otros, sin embargo, los interpretan como demasiado laxos.

También en el ámbito nacional nos encontramos en pleno proceso de planificación hidrológica, lo que afecta a nuestra región, ya que por ella discurren parte de 7 cuencas hidrográficas, aunque son realmente cinco las que tienen una mayor importancia, tanto desde el punto de vista territorial, como de actividad.

Todo ello compone un panorama en el que el medio ambiente está muy presente de manera cotidiana y que probablemente es un tema que ha venido para quedarse, no es una cuestión de modas.

Realizaremos un repaso de las cuestiones medioambientales que están afectando a nuestra actividad y las posibles actuaciones a realizar en un futuro inmediato.

En Castilla-La Mancha

A nivel regional también han sido numerosas las iniciativas legales que se han desarrollado en estos años. Algunas de ellas van a suponer cambios profundos en la forma de gestionar los residuos, no sólo los industriales, sino también los que generamos en nuestros hogares.

Estas normativas y estrategias pretenden ajustarse a las directrices fijadas por Bruselas en materia medioambiental, si bien es cierto que nuestra región es pionera a nivel nacional en el desarrollo de algunas de ellas, como la ley de economía circular de Castilla-La Mancha.

A continuación revisaremos algunas actuaciones que afectan de manera especial al sector agroalimentario regional.

Estrategia de educación para el desarrollo sostenible

Aunque está en fase de borrador, esta estrategia pretende hacer un diagnóstico de las necesidades en materia educativa relacionada con el desarrollo sostenible y fijar unas pautas o líneas estratégicas que ayuden a conseguir los objetivos fijados.

En principio se tiene previsto que tenga una duración de siete años, desde 2019 a 2025 y tiene como objetivos principales incluir el desarrollo sostenible en el ámbito educativo para que forme parte de manera natural del desarrollo de las generaciones futuras, sobre las que pone especial atención.

Si se consigue que temas como la reducción de consumo de recursos, el cambio climático o las consecuencias de nuestras acciones en el conjunto del medio natural se asimilen de manera adecuada en las acciones formativas será mucho más probable que los objetivos del desarrollo sostenible se puedan conseguir.

Plan Integrado de Residuos Agrarios de CLM

Aunque ya se publicó en 2016, este plan está en pleno desarrollo, siendo su horizonte temporal el año 2022. Es un plan que afecta a todos los sectores, pero tiene un capítulo especial dedicado al sector agrario.

El sector agrario tiene unas características específicas que deben ser analizadas adecuadamente, y dentro del ámbito de colaboración que Cooperativas tiene con la Viceconsejería de Medio Ambiente, ese análisis es una de las líneas de trabajo que venimos desarrollando.

Hay varios objetivos específicos que persiguen mejorar la gestión de los residuos agrarios.

En primer lugar, la prevención de su generación es la mejor manera de optimizar la gestión, ya que una menor cantidad de residuos facilitará la posterior gestión de los generados. En este sentido, la formación de los agricultores en materia medioambiental es fundamental, ya que se podrán implantar buenas prácticas en materia medioambiental durante el desarrollo de su actividad productiva de tal forma que se reduzcan dichos residuos.

También la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías para la producción podrá n reducir dicha cantidad por medio, por ejemplo, de reducir la cantidad de plástico necesario para cultivos como el melón o la sandía.

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Otra actuación importante será mejorar la recogida selectiva de residuos en las explotaciones agrarias. El hecho de que se disponga en el medio rural de puntos limpios específicos que estén preparados para recoger los residuos que los agricultores generan en su actividad mejorará en gran medida su desempeño medioambiental.

Como es lógico, la economía de escala será imprescindible, ya que un gestor autorizado tendrá unas tarifas para recogidas individuales de muy poca cantidad de residuos que pueden que no sean asumibles por el productor. En este aspecto pueden entrar en escena las cooperativas agrarias, de tal forma que faciliten un punto de depósito de esos residuos para sus socios, de manera similar a los puntos SIGFITO, dando un servicio adicional al socio, colaborando en la conservación del entorno y racionalizando costes.

Estrategia de cambio climático 2020-2030

En enero de este año se publicó la aprobación de esta estrategia que ha estado sometida a información pública durante 2018. En ella se realiza un diagnóstico de la situación y se proyectan los posibles escenarios que se pueden producir en este siglo, en función de las actuaciones que se lleven a cabo por parte de la sociedad.

También el sector agrario está directamente concernido respecto al cambio climático. Es más, será uno de los sectores que se verán más afectados por las consecuencias de dicho cambio, ya que incidirá en la temperatura y la disponibilidad de agua, ambas variables fundamentales para el desarrollo de los cultivos.

En la estrategia se detallan algunas acciones para amortiguar los efectos del cambio climático en la agricultura, que pasan fundamentalmente por el desarrollo de investigaciones que permitan implementar técnicas productivas más eficientes desde el punto de vista hídrico y energético, aumentando las posibilidades de supervivencia del sector.

Otro de los puntos que aborda y que nos parece fundamental es la evaluación de la capacidad sumidero del sector agrario. Esta capacidad de captar carbono de la atmósfera para fijarlo a la estructura vegetal de los cultivos es esencial en el equilibrio de la actividad humana con el entorno. En los protocolos oficiales que regulan el cálculo de la huella de carbono hasta ahora no se han tenido en cuenta, pero creemos que es fundamental, más si cabe para nuestra Región, que se valore este efecto positivo sobre el medio ambiente de la actividad agraria, entendiendo que hay que realizar una extensa labor divulgativa al respecto.

Anteproyecto de Ley de Evaluación Ambiental

También durante 2018 se sometió a información pública el anteproyecto de Ley de Evaluación Ambiental de Castilla-La Mancha, que en marzo de 2019 aún no ha sido publicado oficialmente.

Esta Ley pretende eliminar algunas situaciones de discrepancias entre la Ley 21/2013 de Evaluación Ambiental a nivel estatal y la Ley 4/2007 de Evaluación Ambiental en Castilla-La Mancha. Se ha pretendido simplificar en cierta medida los trámites necesarios para regularizar desde el punto de vista medioambiental ciertas actividades, sin menoscabar la protección al medio ambiente, evitando en todo momento su afección al mismo.

Con la normativa anterior se estaban produciendo situaciones poco lógicas en las que algunas pequeñas empresas no podían acometer proyectos por la complejidad de regularización de los mismos.

También se han aumentado las distancias a núcleos urbanos de ciertas actividades que podrían ser molestas para la población, aumentando su nivel de protección.

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Otra de las situaciones que cambia esta Ley es la saturación a la que se veían sometidos en ocasiones los órganos sustantivos, fundamentalmente los Ayuntamientos, ya que debían tramitar expedientes para los que en muchas ocasiones no tenían personal especializado. De este modo, el ámbito medioambiental del proyecto pasa directamente a ser valorado por el órgano ambiental, reduciendo de esta manera las gestiones y agilizando el proceso , que es otro de los objetivos de esta norma.

En cualquier caso, el desarrollo debe ser compatible con el respeto al medio ambiente y todas las iniciativas que permitan aunar ambos fines serán positivas.

Estrategia sobre la gestión de los biorresiduos en Castilla-La Mancha

Los biorresiduos se definen en la Ley 22/2011 como “los residuos biodegradables de jardines y parques, residuos alimenticios y de cocina procedentes de hogares, restaurantes, servicios de restauración colectiva y establecimientos de venta al por menor; así como, los residuos comparables procedentes de plantas de transformación de alimentos”

Como se puede ver, hay muchos sectores afectados, entre ellos el agroalimentario, por los residuos generados en los procesos de transformación de sus productos.

Pero vayamos a lo cotidiano. Como ciudadanos, en un futuro próximo contaremos con un contenedor adicional en el que depositar la materia orgánica que producimos en nuestros hogares, fundamentalmente restos orgánicos de alimentos. La finalidad última de esta normativa, además de gestionar adecuadamente los residuos de esta naturaleza, pretende que se aproveche al máximo un recurso hasta ahora no aprovechado.

Castilla-La Mancha es una región con una gran actividad agrícola y unos suelos muy pobres en materia orgánica. Aunque este artículo no es el más adecuado para profundizar en este asunto, conviene definir lo que es dicha materia orgánica: “La materia orgánica de los suelos es el producto de la descomposición química de las excreciones de animales y microorganismos, de residuos de plantas o de la degradación de cualquiera de ellos tras su muerte”, según investigadores de la Universidad de Jaén.

Esta materia orgánica proporciona unas propiedades físico-químicas al suelo, aportando nutrientes y aumentando hasta en 15 veces la capacidad de retención de agua del mismo, que son fundamentales para la mejora del rendimiento agronómico de los cultivos.

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Por ello, tras la separación en origen de esta materia orgánica, se procederá a compostarla, adecuando su estructura y composición de manera que se pueda aprovechar al máximo agronómicamente.

Es necesario aprovechar todos los recursos disponibles y los biorresiduos; desde el punto de vista de la economía circular, son una fuente muy valiosa de nutrientes para el sector agrario que, lejos de suponer un problema, es una oportunidad para la que es necesario implementar la estructura adecuada que permita aprovecharlos al máximo.

Proyecto de Ley de Economía Circular de CLM

También tras una larga trayectoria de tramitación, se encuentra en fase cercana de aprobación la Ley de economía circular de Castilla-La Mancha. Según esta Ley, “se entiende por economía circular, un modelo económico que se incluye en el marco del desarrollo sostenible y que optimiza el uso de los recursos naturales, cierra los ciclos de agua, energía y materia, minimiza los impactos ambientales, y fomenta la eficacia al conseguir que los productos y recursos mantengan su utilidad y valor el mayor tiempo posible, con el fin de cambiar los mecanismos de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, reduciendo el consumo de materias primas, energía y recursos, y a su vez evitando emisiones y pérdidas materiales”

En el sector agrario también tendremos que adaptarnos a ciertos aspectos de la ley, pero entendemos que no será complicado, desde el punto de vista de que muchos de lo que en la industria agroalimentaria son residuos para una determinada fase productiva, puede ser materia prima para otra fase posterior, en la que esos residuos o, mejor denominados, subproductos, son aprovechados para obtener algún otro producto o dándole otra utilidad. Tal es el caso de las alcoholeras que procesan los orujos y las lías de las bodegas, por poner un ejemplo.

Algunas reflexiones

El camino de la sostenibilidad, por su propia definición, no es opcional, es el que hay que seguir si queremos mantener la actividad en el futuro.

La capacidad que tengamos de adaptarnos al cambio marcará las probabilidades de supervivencia. Tal y como afirmó Charles Darwing, “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas ni las más fuertes, sino las que se adaptan mejor al cambio”

Las normativas simplemente son herramientas que enmarcan las actuaciones en el camino de la sostenibilidad. No hay fórmulas mágicas que aseguren el éxito, sino una constancia y una estrategia adaptativa adecuada que adecúe la forma de producir a las mejores tecnologías disponibles en cada momento.

Por ello es imprescindible una agenda destacada de investigación e innovación en todos los sectores, también en el agroalimentario, que dé respuestas a las demandas de una sociedad cada vez más convencida de que los nuevos tiempos requieren nuevas aptitudes.

Preparémonos para el futuro, cada día está más cerca.

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