Cooperativas agro-alimentarias Castilla-La Mancha Avenida de Criptana, 43 13600 Alcázar de San Juan - Tel: 926545200

Las mujeres rurales somos agentes clave para conseguir el desarrollo sostenible de los pueblos, somos vitales para la diversificación económica, para la vertebración territorial y para la generación de empleo y riqueza.

Las mujeres jugamos un papel fundamental, somos el 49% de la población de las zonas rurales y ejercemos funciones de vital importancia para el mantenimiento de la sociedad rural de nuestros territorios.

Parece mentira que hoy en día, en un mundo tan moderno y globalizado como el nuestro, aún sigan existiendo diferencias de género y tengamos que huir a buscar nuestro bienestar a otros lugares. Acaso, ¿a nuestros pueblos no les interesamos? ¿No somos buenos activos para nuestros pueblos?, ¿y para nuestras cooperativas?, ¿os imagináis el futuro en los pueblos sin nosotras?

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Por todo ello, no está de más recordar las barreras (esos techos de cristal que se convierten en verdaderos techos de hormigón) que existen aún y que debemos de derribar:

• Los cambios estructurales del modo de vida agrícola acontecidos desde finales del siglo XX -desagrarización, pluriactividad, “desfamiliarización agraria”, etc.- han condicionado nuestra permanencia en el medio rural, provocando nuestra huida hacia zonas urbanas o periurbanas donde encontramos mayores y mejores oportunidades laborales.

• El mercado laboral del medio rural se caracteriza por una baja tasa de empleo, que se acentúa en el caso de las mujeres.

• Existe una discriminación salarial de género, nuestro rango salarial está representado entre los 400€ y los 1.000€ mientras que el de los hombres entre los 1.001€ y los 1.400€.

• En el mercado laboral del medio rural, nosotras, nos concentramos por lo general en las posiciones inferiores de la jerarquía laboral, y ocupamos puestos de personal no cualificado y personal administrativo, aunque en las cooperativas hemos asumido papeles técnicos. Los hombres sin embargo tienen mucha más presencia en puestos de poder y responsabilidad.

• Nosotras tendemos a ocuparnos de empleos tradicionalmente femeninos y los hombres en empleo tradicionalmente masculinos. La segregación horizontal y vertical sigue siendo una realidad.

• El tiempo que invertimos en realizar las distintas actividades cotidianas se distribuye de distinta forma. Nosotras dedicamos más tiempo a actividades que tienen que ver con el trabajo doméstico y cuidado de menores y mayores, mientras que los hombres dedican más tiempo a las actividades extra domésticas. La conciliación hoy por hoy, ¡una utopía!

• Seguimos condicionados por la estructura patriarcal de nuestros hogares con la alargada sombra de las creencias heredadas del pasado donde siguen imperando los estereotipos de género.

• La invisibilidad del trabajo productivo, muchas de nosotras trabajamos en el medio rural, como ‘‘ayuda familiar’’ de las explotaciones agrarias, pero tanto o más que los maridos, padres o hermanos, pero seguimos siendo invisibles.

• Corresponsabilidad, infraestructuras y servicios para atender a la población, son necesarias para afrontar la cobertura de las necesidades de nuestros mayores y los más jóvenes. Su falta provoca que no podamos incorporarnos al mercado laboral y tener mejor calidad de vida.

Tasa de actividad

Debemos preguntarnos ¿Por qué? ¿Acaso somos diferentes?, ¿no somos personas humanas que intentan satisfacer sus necesidades?

Pero esas pequeñas diferencias que entre todos existen, tanto en hombres como en mujeres ¿no son riqueza para un pueblo?, diferentes opiniones, diferentes modos de hacer las cosas, diferentes aptitudes, ¿no pueden hacer que nuestras cooperativas tengan cada día una visión de futuro distinta, más innovadora, más diversa, más competitiva? ¿Acaso no somos nosotras capaces de tomar decisiones en lo que también es nuestra empresa? ¿Quién es el líder de nuestras familias? ¿Quién decide la cesta de la compra de nuestros hogares? ¿Acaso no realizamos funciones en el día a día que pasan desapercibidas y que son de vital importancia?

Pero lo realmente importante es si todo esto puede cambiar.

Mientras esto no ocurra, nuestros pueblos, y por ende, nuestras cooperativas seguirán asumiendo consecuencias como:

• La ausencia de mujeres jóvenes en los pueblos y la subida del índice de masculinización del medio rural es una amenaza para la sostenibilidad social de los municipios, es un problema para la continuidad de la vida en los pueblos. Nosotras somos un elemento importante en la formación de familias, y esto tiene una enorme relevancia no sólo en el sostenimiento demográfico de la población (vía fecundidad), sino también en el equilibrio emocional y el bienestar social de las personas.

• El envejecimiento y masculinización de la población, pone en peligro el relevo generacional, la sostenibilidad social, la permanencia de nuestras cooperativas que son el motor del pueblo. En consecuencia, es un problema que debemos atajar más pronto que tarde, porque si no, dentro de 50 años, nuestros pueblos terminaran desapareciendo del mapa. SIN NOSOTRAS NO HAY FUTURO.

• La fuga de “talento”, nosotras, mujeres jóvenes y sobre todo cualificadas, huimos de las zonas donde no se aprecian nuestros conocimientos, donde no se intenta satisfacer nuestras necesidades, donde nuestras condiciones laborales son distintas a las del hombre, donde no disponemos de servicio sociales para conciliar la vida personal y laboral, donde existen estereotipos y roles familiares, donde no se nos permite diversificar la actividad económica.

Somos de pueblo, sí, pero a la vez modernas, móviles, independientes, multifuncionales, trabajadoras y como mucho talento que aportar a nuestra tierra, pero a la vez con una creciente resistencia a la subordinación rural. Si nuestros pueblos no son capaces de darse cuenta de que el 50% de su riqueza se les está marchando, su futuro no será muy esperanzador, sus cooperativas no resistirán y su población desaparecerá.

Las estadísticas demuestran la necesidad de que DEBEMOS SER VISIBLES.

A pesar de todos estos obstáculos hay mujeres que se quedan…, ¿pero por qué?

Nosotras, mujeres jóvenes cada vez más, estamos cambiando de mentalidad, somos modernas y de pueblo.

Podrían ser nuestra nueva estrategia para encontrar oportunidades. Y una muestra de ello es el papel que los negocios de base familiar. Estaríamos aquí ante “estrategias nuevas” y no ante una vinculación femenina ligada sobre todo a roles familiares donde nos toca desempeñar el papel de responsables de la atención y el cuidado de los mayores y guardianas de un patrimonio familiar crecientemente devaluado.

Pero aun así, las mujeres que residimos en el medio rural vemos limitadas nuestras oportunidades de integración laboral al llegar de la formación de familias. Nuestra curva de crecimiento profesional se ve mermada a partir del momento en el que comenzamos a ser madres, por el mero hecho biológico.

Queremos ser mujeres rurales, mujeres con talento, pero con crecimiento profesional y personal, capaces de desarrollar proyectos de vida en los municipios y en nuestras cooperativas. ¿Qué podrían hacer nuestros pueblos para que no nos marcháramos? ¿Y las cooperativas?

• Intentar crear una diferente estructura de los mercados de trabajo, en la cual no existan trabajos femeninos o masculinos, ni diferencias a la hora de tomar posesión una mujer de un puesto de alto rango, sino que todos en igualdad de oportunidades, podemos acceder a los puestos de trabajo en iguales condiciones.

• Aumentar la oferta de empleos femeninos, porque es importante vincularnos activamente a nuestro pueblo.

Nosotras podemos ser titulares o cotitulares de las tierras que trabajamos, podemos tener contratos, cotizar, podemos ser socias de las cooperativas de nuestros pueblos, podemos participar en los consejos rectores, podemos participar activamente en las asambleas y aportar ideas totalmente distintas, podemos ser maestras de almazaras, ganaderas, bodegueras, conducir un tractor o dar de comer a los animales, todo lo que nos propongamos, pero para ello debemos de cambiar el “chip”.

Sí, nosotras primero, pero también vosotros.

Debemos ser valoradas por nuestras capacidades o habilidades y no por nuestra condición de género.

Un ejemplo con datos reales:

En las cooperativas de Castilla la Mancha en el año 2015 tan solo de los 4.753 trabajadores de dichas cooperativas, 1.423 son mujeres, un 29.9%. De 161.962 socios de cooperativas, solo 38.759 eran mujeres, un 23.9% del total. Y tan solo un 7,6% pertenecían a consejos rectores.
Fuente: OSCAM-2015

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• Impartirnos formación, para que podamos acceder hacia empleos más valorados, mejor pagados, que fomenten la promoción laboral, que posibiliten la rentabilización de dicha formación y a la vez que reduzcan la precariedad y nos faciliten una vida laboral y familiar de más calidad. Un estado de bienestar justo a la vez que digno.

• Modernizar las familias donde el modelo de varón/proveedor y mujer/ama de casa quede extinguido y los dos podamos ejercer las tareas independientemente de si se es hombre o mujer.

• Intentar ayudarnos a conciliar la vida familiar y laboral. Las cooperativas tenemos un reto con la puesta en marcha de la diversificación y creación de nuevas secciones aprovechando la Ley de Cooperativa Rural de Castilla-La Mancha. ¿Acaso no podemos gestionar guarderías, servicios a mayores, o cualquier servicio que redunde en sostenibilidad rural? Indudablemente, esto ayudaría a la retención del talento y a la vertebración de nuestros pueblos.

• Debemos ser capaces de gestionar la retención del talento como un intangible que aportará a presente y futuro riqueza para nuestro medio rural, y por tanto, para nuestras cooperativas.
La diversidad, implica diferencia,….en definitiva abundancia de cosas diferentes.

Cada persona tenemos características que nos hacen diferentes de las demás…cada persona somos sencillamente ¡únicas!

Nuestra capacidad intelectual, nuestra actitud, nuestra intuición, nuestra capacidad para diferenciarnos y ser innovadoras, se denomina TALENTO.

Las cooperativas, nuestro medio rural tienen la obligación de saber gestionarlo. Nuestro talento es el arma más poderosa para crear valor en nuestros pueblos y por tanto, en nuestras cooperativas.
Una región como la nuestra que apuesta por el sector agroalimentario, las cooperativas, la innovación, la calidad de vida, no puede permitirse el lujo de desperdiciar el 50% de su propio talento ¡¡NOSOTRAS!!

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”Actuación financiada en el marco del Convenio entre el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y Cooperativas Agroalimentarias de España, U De Coop., de concesión de subvenciones previstas nominativamente en los presupuestos generales del estado para el año 2018, para el desarrollo de diversas actividades de mejora de la competitividad y modernización de las cooperativas agroalimentarias y la formación, igualdad y rejuvenecimiento en consejos rectores”.