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Este mes de marzo se han cumplido 30 años de la aplicación de la PAC en España, tras su adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) y si hay alguien que es consciente de la importancia de formar parte de ella, ese es el agricultor, que está desde entonces pendiente de la evolución de la que es, probablemente, la única política común, la PAC. Es, sin duda, un buen momento para hacer un repaso a lo que ha sido esta política y lo que puede ser en un futuro.

 Hay que hacer un esfuerzo por comunicar esta política y por poner de manifiesto la importancia que tiene para la sociedad, y no solo para los agricultores. Siempre hablamos de la PAC como una política de ayudas a los agricultores y ganaderos; nunca hablamos de la PAC como compensación a la renta de los productores, por algo que el consumidor no está dispuesto a pagar en el supermercado. Y esa es la reflexión clave, estamos pagando algo que, como ciudadanos, no queremos pagar en los supermercados porque, lo cierto, es que la sociedad demanda que el precio, por ejemplo, del pollo o de la leche, esté bajo.

En definitiva, hay que buscar la justificación social de la política y, un paso más allá, hay que saber transmitir a la ciudadanía esa justificación social. Porque en la medida en que decimos que los agricultores y ganaderos reciben, en toda España, 6.000 millones de euros al año a través del primer pilar de la PAC , las ayudas directas, no estamos transmitiendo hechos que resulten positivos a los ciudadanía en su conjunto. En la medida en que seamos capaces de dirigir los mensajes a que gracias a la PAC tenemos el mejor sistema alimentario del mundo, con la mayor seguridad alimentaria, con las mejores condiciones ambientales, con el territorio mejor cuidado, con los mejores valores intangibles, estaremos ganándonos a la opinión pública europea y española, para la causa de una política que es de pura justicia para nuestros agricultores y ganaderos.