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Editorial Cooperativas Agro-alimentarias de España

La pandemia del coronavirus Covid-19 ha paralizado prácticamente toda la actividad y ha puesto a prueba a la sociedad tanto en España como en el resto del mundo. Las consecuencias de este virus no se van a hacer esperar y en cuanto comencemos a volver poco a poco a la normalidad vamos a contemplar con gran estupor cómo ha arrasado con el empleo y muchas empresas, pese a los esfuerzos de los gobiernos por tratar de compensar lo que nos deja este tsunami.

El sector agroalimentario, como cualquier sector económico, también se ha visto afectado por la pandemia, pero a diferencia de otros, nuestra actividad estratégica se tuvo que reforzar ante la demanda de alimentos que se produjo días previos a la declaración del estado de alarma, sobre todo, en algunas producciones. Todos recordamos las estanterías vacías tras las oleadas de consumidores que compraron de forma compulsiva alimentos, y todos pudimos comprobar la eficiencia de toda la cadena alimentaria para reponer y satisfacer sus necesidades.

No cabe duda de que el sector agroalimentario se ha convertido,como dijo el ministro Planas, en uno de los tres pilares básicos del funcionamiento en España. Este sector es clave para la población en un momento como el actual, en el que lo vinculado al ocio y la cultura ha quedado relegado, porque lo urgente e inmediato para todos ha pasado a ser la salud y la alimentación. A lo largo de esta crisis, y como ya ha sucedido en otras anteriores, el sector ha demostrado su capacidad de respuesta y su fortaleza, y lo que es más importante, ha pasado a cobrar un valor que hasta ahora no se tenía o no se quería ver.

Contar un sector primario competitivo, con unas cooperativas dimensionadas, con una industria potente, con una logística y una distribución eficiente pone de relieve todo lo que hay detrás de un alimento y de lo poco conscientes que somos de ello. Y es así, ha tenido que venir una pandemia para hacernos reflexionar a la sociedad y comprobar que para disponer de alimentos sanos y seguros en nuestra mesa necesitamos de agricultores y de ganaderos, personas hasta ahora prácticamente invisibles. Y por supuesto es algo que deberán contemplar en la próxima cumbre de jefes de Estado de Bruselas cuando se debata sobre el presupuesto de la Unión Europea y por tanto, de la PAC.

Es el momento de volver a darle a la agricultura y la ganadería la importancia y la posición que nunca debieron perder, porque el coronavirus nos ha demostrado que ante una crisis sin precedentes, los ciudadanos quieren contar con los alimentos más sanos y seguros del mundo y no se puede depender para ello de terceros países.

A lo largo de estos días de estado de alarma las más de 3.000 cooperativas agroalimentarias repartidas por todo el territorio nacional han continuado con su actividad, su personal se ha comprometido de una manera responsable a garantizar el abastecimiento de alimentos a la industria y a la distribución alimentaria, no sólo en España sino también en el mercado comunitario e internacional, demostrando así la eficiencia de las cooperativas a la hora de servir a sus clientes.

Las cooperativas no sólo son empresas que compiten en el mercado y ayudan a que los agricultores y ganaderos accedan al mismo en mejores condiciones, permitiendo obtener valor añadido de la cadena; sino que aportan una serie de bienes públicos fundamentales para la población de las zonas rurales, dando servicios y trabajando por la comunidad. Y así ha quedado demostrado, en muchas poblaciones de nuestro territorio, los ayuntamientos han solicitado a nuestras
cooperativas y a sus socios ayuda para la desinfección de las calles.

Sin duda el Covid-19 nos ha obligado a cambiar nuestra forma de trabajar, de relacionarnos unos con otros y de valorar las cosas verdaderamente importantes, tendremos que seguir de cerca su evolución porque su impacto dependerá del tiempo que se tarde en detener la propagación del virus.

Y mientras tanto las cooperativas, sus socios, agricultores y ganaderos, y su personal, continuarán haciendo lo que mejor saben hacer, ofrecer los alimentos más sanos, seguros y sostenibles del mundo, ahora los consumidores y la sociedad deberán ser responsables y hacer uso del aprendizaje de estos días y valorar esta labor en su justa medida.